También, como hoy, era sábado. Seguramente algún Federico, Emiliano o Rufilo se disponía a celebrar su onomástica. En algunos lugares era día de mercado. Hacía calor; quizás no tanta como hoy.
Una extraña tensión se notaba en el ambiente. Los adultos hablaban casi susurrando. Las mujeres, en un raro silencio, se disponían para la compra. Entonces, los fines de semana empezaban los sábados, después de las dos del mediodía.
Olor de azufre en el aire. Alguien innombrable estaba a punto de abrir la puerta del infierno. Muchos nos preguntamos, noventa años después, si no sigue abierta.
Por lo que parece y recuerdo a La Pepita (gracias, por cierto, del arreglo de la foto), ese día fue un día como hoy, sábado, iba a La Barceloneta con unas amigas y las echaron para atrás en la Ronda de Sant Antoni. Nadie sabía lo que pasaba, pero todos intuían que no era nada bueno.
ResponderEliminarAlgunos, a los que les gusta el azufre, prefieren que sigan entreabiertas.
ResponderEliminarParece no haber aprendido, de lo que vino detrás.
Yo nací unos meses antes y no tengo recuerdos.Pero malviví la posguerra, donde vino a demostrarse, el odio y la mentira que enfrentó a unos contra otros.
La porta resta tancada de manera indefinida, recorda que Juan Pau II, va dir que l'infern no existia.
ResponderEliminarI el cel, tampoc
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