Cuando pienso en Mariano Rajoy, que no me cae nada bien, sufro un moderado ataque de vergüenza ajena. Me imagino cómo podría ser ese golpe si fuera un familiar mío; un hermano, un tío... no sé. Pero me da mucha más vergüenza ver el "quilombo" que se ha montado tras sus luminosas opiniones sobre la selección francesa de futbol y sus jugadores...
Una serpiente de verano, como cuando aparecía el monstruo del lago Ness. Es bien cierto que la opinión pública es muy pública, cada vez más, pero cada vez menos opinión. El sistema político siempre está a la que salta, alerta y con los cinco sentidos enfocados en buscar y encontrar espejitos de colores con los que distraer aquello importante que inmediatamente pasa a un segundo, tercer o cuarto plano.
Sinceramente, opino [¿puedo?] que hacer tanto caso, por un u otro lado, de cuatro palabras más torpes que desafortunadas, que si bien pueden sacar a relucir la mentalidad de ese patán, son como ceros a la izquierda, es un mal síntoma. Pero, espera... me da en la punta del pico que esto aún no se ha acabado. Hoy es el día de "La Grandeur", la fiesta nacional gabacha y, para el colmo, tenemos en la agenda de hoy la batalla futbolera de Francia y España. Veremos, si pierde España, cuántas voces no se acordarán maliciosamente de las palabras inoportunas de ese verraco gallego.

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