Los flashes de memoria, son algo sorprendente. Cualquier cosa, que además no controlamos, puede en un determinado momento disparar uno de ellos y desencadenar una vivencia mental casi siempre agradable, evocando un momento del pasado.
Todo empezó mientras navegaba por la tienda de Amazon y se me ocurrió comprar atún conservado en salsa de tomate. Al día siguiente lo tenía en casa. No es barato: 3,75 € la lata. Hacía bastante tiempo que no lo consumía, ya que los que encuentro en el pueblo me resultan demasiado grasos, aunque eso sí, son mucho más baratos. El caso es que no tardé en prepararme una ensalada, sencilla a base de escarola tierna, ajos tiernos y aceitunas negras, todo ello para envolver el atún y aderezarlo todo con la misma salsa de la lata y dos escasas gotitas de aceite de oliva virgen.
Lo que ocurrió entonces, al primer bocado, es que hubo una extraña explosión de sensaciones en la mente. De forma súbita me vino un recuerdo muy vívido que seguramente evocaba el momento en que por primera vez en mi niñez descubría ese humilde manjar. Mi cerebro, me estaba transportando por un túnel del tiempo. Seguramente a 1954 o 55.
Podía ver con claridad, aquel comedor, que hacía las veces de sala de estar. Podía ver aquel bufete desproporcionadamente grande para las dimensiones de la habitación. Una estufa de leña, con un tubo de metal en ángulo recto que acababa empotrado en una ventana de cuatro cristales, uno de los cuales era el receptor del tubo y en cuya parte se había sustituido el cristal por una plancha metálica. Notaba perfectamente mi estatura infantil comiendo en una mesa cuya superficie estaba tan alta como la altura de mi cuello. Podía ver a mi padre calentando sobre la estufa, vino con pan duro cortado a pedazos pequeños, en un cuenco de aluminio. Lo podía ver con su navaja de caza, cortando trozos de panceta ahumada. Podía ver a mi madre con su delantal azul y blanco pidiendo que comiera. Podía ver a mi hermano mayor en un rincón cerca de la única lámpara de pie encendida, leyendo algún cuento del Capitán Trueno o similar. En esta especie de visión, incluso creo percibir el olor a caldo gallego de lacón con grelos, que llega desde la cocina y, aunque muy posiblemente algunas cosas se van añadiendo a medida que te sumerges en el recuerdo y tratas de que no se desvanezca, me parece oír que en la radio, están dando "el parte".
Todo por el simple sabor de un poco de atún en salsa de tomate.
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